Más Sydney

Nuestro tercer día en Sydney en principio estaba previsto dedicarlo a las Blue Mountains, visita recomendada en prácticamente todas las guías turísticas, pero finalmente decidimos cambiar de planes y quedarnos también por Sydney.

Mercadillos

Como era sábado resulta que hay mercadillos en varias partes de la ciudad. Por cercanía fuimos al instalado en The Rocks, que resultó ser bastante interesante aunque no muy grande. Se trata de un mercado de artesanía donde todo lo que se vende es hecho completamente a mano. Nos sorprendieron los puestos de ropa, todo prendas de diseños originales y que se notaban cosidas a mano, los de figuras de cristal hechas en el acto por un señor con un soplete, elegantes sombreros de paja y seda y objetos decorados con pinturas aborígenes. Desde luego vimos cosas distintas a las que se ven por Europa (¡incluyendo Camden!), y hasta aprovechamos para comprar una figurita de Navidad con un koala para nuestro árbol, siguiendo una vieja costumbre siempre que viajamos.

Finalmente comimos en uno de los puestos de comida callejera del propio mercadillo.

Saturday Night Fever

Para la noche nos fuimos al Darling Harbour, quizá el lugar más animado de la ciudad. Y desde luego no defraudó. Llegaba mucha gente joven (y no tan joven) vestida de mil guisas distintas preparadas para subir a un barco y hacer un crucero-fiesta o un crucero-cena. El muelle está lleno de barcos-restaurante y barcos-discoteca, unos con bastante mas “glamour” que otros :-). Tan sólo el espectáculo de ver a la gente ya merece la pena.

Para los que nos quedamos en tierra Darling Harbour ofrece muchos restaurantes. Nuevamente nos resultó casi imposible tomar algo antes de cenar ya que los bares están todos dedicados a cenas exceptuando quizá un par de ruidosas cervecerías llenas de chavaletes. Así que si preguntas por sitio “only for drinks” o bien te lo niegan directamente o si tienen poca gente cenando te aceptan pero con mala cara.

restaurante_redEntramos en The Waterfront Grill, un restaurante especializado en carne. situado en el Harbourside Wharf.

De primero cayeron unas Chilli Prawns. Un plato delicioso con pleno sabor tailandés. Nos chupamos los dedos con él. A pesar del nombre, pican lo justo por lo que el picante en absoluto estropea el sabor de la riquísima salsa.

Como segundo pedimos un “combo” de entrecot (steak) y costillas de cerdo. Las costillas eran finas, con poca carne y venían cubiertas de una salsa barbacoa dulce. No estaban mal pero tampoco para tirar cohetes. En cambio el steak estaba demasiado hecho con lo que la carne había perdido todo el gusto, fue una pena.

Con esto y 4 copas de vino la cuenta salió por $93 entre los dos. Al final acaba uno acostumbrándose a estos precios.

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