Brisbane

Como habíamos alterado los planes para poder disfrutar del buen tiempo por última vez, dado que las previsiones para Melbourne no eran muy buenas, llegamos a Brisbane por la tarde casi sin tiempo para nada porque el día siguiente teníamos un vuelo a primera hora hacia la capital del estado de Victoria.

Entrar en coche por el centro de la ciudad nos recordó a Sydney, con esa mezcla de edificios antiguos y rascacielos. El skyline resulta muy atractivo cuando lo descubres por primera vez desde lo lejos mientras llegábamos cuando se empezaba a iluminar todo al atardecer.

El hotel

hotel_redDormimos en el Chifley at the Lennon’s (€150). En Brisbane como en otras ciudades australianas el alojamiento es bastante caro y hay que buscar y rebuscar las mejores ofertas por Internet. El hotel está en pleno centro, en la Queen Street, una calle peatonal de tiendas, asi que nos costó mucho encontrar el acceso en coche que se hace por la calle de atrás (la de “servicio”) entre el lío de calles de sentido único.

Nos dieron una habitación muy amplia con salón aparte. La decoración resultaba un poco anticuada, pero se veía recién pintado y sobre todo muy limpio. El baño igualmente de aspecto anticuado pero también limpio. Lo peor del hotel es que cualquier cosa “extra” se cobraba aparte: por supuesto el wifi ($12/día), pero incluso un cepillo de dientes ($5) o el uso de la caja fuerte de la habitación ($5), lo cual nos parece ya excesivo.

Al día siguiente al marchar preguntamos si podíamos imprimir la tarjeta de embarque y nos dirigieron al ordenador que tienen para que la gente se conecte a Internet. Había que pagar $2 por 10 minutos de conexión. Encima la conexión iba superlenta y la página de Gmail no cargaba 😦 y tuvimos que usar la versión básica de Gmail. Tampoco hubo manera de descargar el PDF con la tarjeta de embarque. Finalmente tras dar mil vueltas conseguimos abrirlo pero al ir a imprimir, además de tardar una eternidad, nos pedía 0,50$ por cada hoja. Al final gastamos 3 dólares por mirar el correo e imprimir las tarjetas a la carrera. Muy mal el acceso a Internet y muy mal el servicio en el hotel ya que en otros te lo imprimen la misma gente de recepción rápida y eficazmente. Por desgracia en todo el país lo habitual es que cobren precios desorbitados por pésimas conexiones a internet.

La ciudad

Brisbane tiene un aire de modernidad innegable. Es algo similar a Barcelona en ese aspecto o incluso en otra escala a Vitoria. Calles con luces que cambian de color incrustadas en el suelo, mobiliario de diseño, estatuas modernas por doquier, galerías construídas en la calle (por ejemplo en la calle Queen) totalmente en metal con grandes voladizos, enormes televisores planos en las zonas públicas donde se emite la programación de televisión incluso con sonido… Todo ello entre esa mezcla de edificios con aire de 1920 y rascacielos. En fin, como decía un ambiente moderno y futurista a lo largo de un río que serpentea por sus calles principales y con varios puentes que lo cruzan siendo el más famoso el Story Bridge, hecho de acero en 1926 y que guarda cierto parecido al de Sydney. Además está iluminado por la noche y destaca en el río sobre otros elementos de la ciudad.

Yendo hacía la zona más popular para los restaurantes nos encontramos con la antigua casa del puerto, que estaba restaurada y alberga un bar restaurante con muy buena pinta: el MooMoo Wine Bar & Grill Restaurant. Entramos y nos encontramos una decoración sofisticadísima que nos encantó. Todas las estancias estaban puestas con absoluto mimo. Aprovechando que tenían una buena vinoteca nos tomamos un vino para disfrutar del sitio antes de ir a cenar :-).

Para cenar su especialidad era la carne de la que disponían de diversas variedades y procedencias. El plato estrella es un trozo de carne de un kilo de ternera wagyu (de origen japonés) con una crianza a base de grano y varias preparaciones especiales y acompañantes que costaba $125… Debe de ser una delicia. Al llegar a esa hora (¡las 9:00!) la cocina estaba cerrada así que eso me evitó caer en la tentación de probar ese carísimo plato.

Como nota anecdótica, en el menú tenían jamón ibérico de bellota “probablemente uno de los mejores del mundo según los gourmets”. Nos hemos encontrado varios restaurantes por toda Australia donde los productos españoles van penetrando: algún vino -Rioja sobre todo, incluso un Albarina (sic)-, chorizo, pimientos del padrón, cebolla “española”, naranjas de Sevilla…

restaurante_redEn Eagle Street hay un embarcadero donde se ha hecho un moderno complejo de ocio y restaurantes, con vistas al Story Bridge. Entramos en el Cha Cha Char, especializado en carnes y que todavía tenía la cocina abierta a las 9 y pico. Tenían el aire acondicionado demasiado fuerte, una constante en muchos lugares. Pedimos que nos recolocasen en otra mesa y lo hicieron sin ningún problema.

Para empezar pedimos media docena de ostras con una salsa que resultó estar hecha a base de picadillo :-0. Los australianos tienen la manía de ponerles salsas a las ostras de lo más extraño y que no acompañan nada bien. En general se empeñan en reconvertir cualquier tipo de comida en pizza o hamburguesa, que es lo único que les gusta, como es el caso de estas ostras. Aquí el picadillo que venía encima de cada ostra era bastante más apropiado para unos tacos mexicanos, menos mal que se podía separar bien. También de entrante pedimos un tataki de carne, muy bueno, sobre todo la salsa que lo acompañaba.

Finalmente llegó la carne, un trozo de 300 gr de wagyu perfectamente en su punto y que estaba muy bueno. Sin embargo, como en otras ocasiones, no encuentro que la carne que comamos en el norte de España tenga nada que envidiar a éstas a pesar de tener muchísima más fama.

La cuenta con un par de copas de vino fue de $119. Un poco caro, pero hay que tener en cuenta los desorbitados precios australianos y que era la zona más de moda de Brisbane, y esas cosas también incrementan el precio. En resumen la sensación fue que la cena estuvo bastante bien.

A tener en cuenta

curiosidades_redLo de Internet en los hoteles es una auténtica estafa. Pedir $2 por 10 minutos de conexión es un absurdo a estas alturas del siglo XXI. Pedir $20 por un día de conexión es directamente ridículo. Es más barata la conexión en mi propia casa por un mes entero.

No hemos encontrado casi ningún hotel en el que incluyan el wifi con la habitación. Como mucho en alguno tuvimos conexión gratis durante 1 ó 2 horas. Y los precios son salvajes, peor cuanta más categoría tiene el hotel, aunque en los hostels y sitios más sencillos también había que pagar.

Así que no contéis con disponer de conexión gratis en vuestro alojamiento salvo quizá en algún hostel de backpackers (nosotros en un mes sólo dimos con un hostel que tenía wifi gratis). Esto contrasta con nuestra experiencia en Vietnam hace ya 2 años donde todos los hoteles (a una media de 10€ la habitación) tenían wifi gratis indefinido…

Estamos en 2012 y cobrar por el acceso a Internet es como si te cobrasen por la tele o por el agua caliente.

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